20 Abr La mediación ahora más que nunca, y llega para quedarse
Si alguien me hubiera dicho que en un período de mi vida iba a estar encerrada en casa para evitar el contagio de un virus mortal, con la consiguiente paralización de ámbitos tan importantes como el social, laboral, económico, no le hubiera creído. Nunca crees que la realidad superará a la ficción, aunque es una frase que yo de vez en cuando he dicho porque es cierto que la realidad supera la ficción.
Y de repente, ¿qué es lo que ocurre?, que se paraliza todo.

Dejo de ir al trabajo, en el mejor de los casos no soy de los que tienen que estar en primera línea y me pongo a trabajar en casa. O, en el peor de los casos, me quedo sin trabajo porque la empresa no produce y ya no necesitan empleados. Y me quedo, sin ingresos y eso provoca, en cadena, la imposibilidad de pagar impuestos, préstamos, gastos de suministro, cuotas de autónomo, rentas de alquiler etc.
Y además, la situación es tal que por las recomendaciones sanitarias mis hijos no pueden ir al colegio, deben estudiar en casa, no pueden salir a jugar, y en caso de tener la bendita suerte de mantener mi trabajo me veo trabajando en casa y cuidando de los niños al mismo tiempo, así como ayudándoles a hacer los deberes, porque las clases no han terminado, solo se ha prohibido acudir a clases presenciales, y me genera ansiedad, pánico y me bloqueo porque necesito ayuda, ¿quién me va a ayudar?.
Estoy viviendo diariamente en 70 metros cuadrados, otros los vivirán en 30 o en 100, con balcón o sin él; con terraza o con jardín. Estoy acompañada de mi marido, que teletrabaja, al igual que yo. No tenemos un buen espacio para trabajar, así que yo en el comedor, donde comemos y mi marido en la habitación de matrimonio donde se ha habilitado una mesa que hemos rescatado del trastero. Y, los hay que viven solos o con hijos. La realidad es que la convivencia se convierte en todo un reto.
El reto de compartir tu vida con mas personas es también uno de mis principales conflictos. Antes de la pandemia se podía soslayar. Yo me voy a trabajar y tú al colegio y solo estamos en contacto unas pocas horas al día. Pero ahora, no tengo escapatoria. No puedo huir, tengo que mirar de frente al problema.

Si hay un conflicto con la pareja, hay choque de pensamientos y comportamientos. O los ha habido siempre pero ahora se acentúa por el encierro. La paciencia es una gran aliada, pero hay que cultivar ese valor. ¡¡Uff!!, eso lleva tiempo y ganas para saber gestionarlo.
Sí, tenemos tiempo, y es el momento. Sin embargo, estoy acostumbrada a que los problemas los resuelva un tercero, o mejor dicho los gestione un tercero, y a poder ser cuanto antes mejor. Pero no es buen momento porque uno de los ámbitos que se ha visto paralizado por la pandemia es precisamente la justicia. ¿Quién me ha va a solucionar mi problema? Debo esperar, no me queda otra, pero no puedo soportarlo más, quiero huir. Tampoco puedo.
De repente, se ha muerto la prisa y renace el tiempo y me doy cuenta que si la pandemia es lo que es y no la puedo cambiar porque escapa a mi control, yo soy la única que puede decidir cuándo y cómo mejorar la situación: aceptando que me he quedado en casa trabajando o me he quedado sin trabajo; que no puedo afrontar pagos mensuales; que desde que me levanto hasta que me acuesto convivo con personas que piensan diferente, y se comportan diferente. Debo cambiar mi actitud, debo y siempre puedo buscar la forma de sortear los obstáculos que me encuentro en la vida.
Y si soy yo quien tiene que cambiar de actitud para poder ver mas allá del problema y encontrar una solución, ¿qué hago recurriendo a un tercero para que decida por mí?. Resulta descorazonador el funcionamiento, en la práctica, de la administración de justicia, y mucho más sufrir la dilación en la resolución de los conflictos por esta vía ¿No será más productivo y edificante tomar tus propias decisiones, una vez has aprendido a gestionar tus propios conflictos?
Y ¿cómo hago para tomar la decisión adecuada que permita resolver mis conflictos? ¿Cómo hago para tomar las riendas y afrontar mis problemas? Es preciso acudir a solicitar la ayuda de un profesional que dirija, como un maestro de orquesta, mis pasos, mis pensamientos, que permita sacar de mí el verdadero interés, para compartirlo con la otra parte del conflicto.
Necesito establecer un diálogo con la otra parte, evitando el comportamiento violento y posiciones enrocadas. Necesito “algo” que me permita ser creativa, que me permita la libertad de expresarme como soy, como siento, sin miedo, para obtener como resultado una decisión consensuada entre las partes en conflicto que me permita creer que he sido yo artífice de la solución. ES LA MEDIACIÓN.
Olga Estrada
Abogada y Mediadora
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