11 Jun Historia de una naranja
Hace ya algunos años que asistí a mi primer curso de mediación. Recuerdo cómo desde la primera sesión comprendí que la comunicación era fundamental al tratar los conflictos. En los conflictos de intereses, dos o más partes suelen querer una misma cosa y este termina surgiendo, hay cosas divisibles y es posible que cada parte se conforme con una de estas partes.

Por el contrario otras cosas son indivisibles, o incluso siéndolo, si se divide tampoco contenta esta solución salomónica del reparto a medias o por partes.
Entonces te planteas cómo las posibles soluciones que a bote pronto se te pueden ocurrir resultan no ser satisfactorias, y encima las soluciones se les tenían que ocurrir a las partes con la ayuda de ese “mediador” al que ya empezaba a considerar con un gran grado de admiración por su labor de saber mediar en circunstancias conflictivas y adversas, con intereses diferentes y posturas muy enrocadas
Todos hemos ido aprendiendo las tres letras, PIN, las Posiciones , los Intereses y las Necesidades. ¿Y cómo llegar a las necesidades? ¿Cómo no confundir intereses con necesidades? ¿Cómo navegar en las posiciones para alcanzar los intereses y después sumergirse de lleno buceando en busca de las necesidades?.
Recuerdo una historia que nos contaron y que marcó mis primeros pasos en este maravilloso mundo de la mediación, los mediadores la conocéis pero quiero que la conozca la gente, posibles mediados, por qué un acuerdo es posible. Es la HISTORIA DE UNA NARANJA: nos contaron que dos hermanas querían una naranja, casualmente solo quedaba una porque la madre había olvidado comprar, una venia de hacer deporte, la otra después de toda la tarde estudiando también la quería pero no concretaron para qué, sencillamente querían cada una la naranja como algo de vital importancia, la madre nerviosa porque las hermanas se estaban enfadando y harta de escucharlas discutir y con la mejor intención decidió salomónicamente partir la naranja por la mitad….. las hermanas asombradas dijeron.. ¡¡¡nooooo!!!, así no les satisfacía.
. La que venía de hacer deporte dijo que con el zumo de media naranja ella no reponía fuerzas ni vitaminas y la otra alegó que con la cáscara de media naranja no tenía suficiente para la ralladura de piel que precisaba para cocinar su bizcocho de naranja. Las hermanas decidieron que la satisfacción de ambas era viable, primero exprimieron las dos mitades y la que venía de hacer deporte se sintió satisfecha, quería la única naranja, su interés era tomársela en un zumo después de hacer deporte y su necesidad era tomar las vitaminas que precisaba. La otra hermana que quería cocinar su bizcocho logró la ralladura de toda la fruta, y tras exprimir el jugo y pudo hornear su pastel.

¿Qué había fallado?: LA COMUNICACIÓN. Entre ellas no habían hablado, se habían limitado a mostrar sus posiciones y mínimamente sus intereses y fue la madre la que con su acción salomónica y “judicial” de partir y repartir no logró satisfacer a ninguna de sus hijas en sus necesidades.
De un supuesto tan cotidiano surge un conflicto, ¿y por qué? Sencillamente porque no se habla, no se interactúa, no se conversa, no exponemos lo que queremos, ni por qué ni cómo lo queremos. Cuando nos atascamos en nuestras posiciones no vemos más allá de nuestro propio interés, y o no comunicamos o no lo hacemos efectivamente , la situación se enroca. y aquí es donde descubrí a esa figura del mediador que llega con su grúa y sus habilidades técnicas, para sacarnos del bache donde nos hemos metido …. ¡bendito mediador!.
Pues con esta historia tan simple podremos empezar a entender fácilmente el conflicto, las posiciones, los intereses, las necesidades y la gran labor del mediador que sin partir ni repartir por qué ni orienta ni asesora ni decide, nos acompañará con su grúa y su habilidad en el manejo de la misma a salir de nuestra demanda, de decir lo quiero, por qué lo quiero y con su escucha activa nos adentrará en el mundo de la comunicación para que verbalicemos y podamos alcanzar una solución que nos satisfaga a todas … yo bebo mi zumo de naranja y tú cocinas tu pastel de naranja, yo el zumo y tú la monda de una única naranja. Sencillamente me pareció algo maravilloso y decidí amar la mediación.
Leonor Moreno Esteve
Abogada y Mediadora
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